It's Time for a Love Revolution

¿A cuantas personas podemos amar?

La búsqueda del amor es constante, desde que nacemos hasta morir. Existen cientos de personas en nuestro entorno quienes últimamente entonan la epopeya de su desamor y del porque decidieron dejar de creer en el sentimiento más poderoso.

Pero ¿cuán sobrevaluado o no está el amor? Cada día, muchos pronunciamos la declaración:¡Te amo! Sintiéndolo a no hacia nuestro par. El caso es que, se debe sentir para decirlo porque si es por darle uso a las palabras, tenemos las subsiguientes: te quiero, te aprecio… es hora de recuperar el valor de la palabra.

Ahora, leyendo el libro Ágil Mente de Estanislao Bachrach que incluye ejercicios para potenciar la creatividad y vivir mejor, me topé con uno que me tiene pensando toda la semana.

El ejercicio consistía en escribir una lista con los nombres de las 10 personas que más amaras en todo el mundo. Respondí, comencé por mi madre, mi padre, mi abuela, mi hermano, mi pareja, mi mascota y mi mejor amiga, total: 7 “personas”. Al llegar a este punto no sabía a quién más, ¿era yo incapaz de amar a diez personas de mi entorno?, ¿es 10 una cantidad muy alta o 7 muy baja? Comenzó un desastre existencial ineludible.

Seguramente la dificultad para completar la lista se dio por tres razones:

Usé la palabra amar y realmente pensé ¿a quién amo? y decidí responderla lo más sincero que se puede ser.

Escribí los nombres por orden de importancia, lo cual achicó el espectro.

Me tomé muy en serio la lista.

La finalidad del autor ni siquiera se trataba de medir los niveles de sentimientos, estima o aprecio ni cuán capaz eras de amar a la mayor cantidad de personas posible, pero lo que para mí significó esa lista era el replanteo de mis sentimientos hacia el entorno, abrió una ventana que me obligó a consultar a otros:

¿Si tuvieras que hacer una lista de personas que más amas en todo el mundo, diez serían suficientes?

Las respuestas que obtuve fueron variadas, pero la más común fue: “Mi lista sería interminable”. Dentro de todo, seguí poniendo el acento en que se debía tomar muy en serio la palabra AMAR, basarse en su verdadero significado, porque no creo que todos amemos a todos pero aun así, nada cambió.

Hoy, quizás somos un raza en la que las jerarquías sociales ya se han devaluado, la palabra AMISTAD es solo un botón en Facebook, porque según esa premisa entonces todos somos amigos inmersos en una comarca gobernada por Mark Zuckerberg, otorgarle a cualquier persona nuestro sentimiento más puro es la orden del día y declarar que todos somos hermanos como lo dicen los protestantes de algunas religiones, es lo que es.

No declaro que nada de esto sea cierto, pero es gracias al ejercicio que aún no terminé que me detuve a pensar. Ahora, debo terminarlo.

¿Y tú, compartirías tu lista?

Rob Martinez.

El Árbol Muerto y La Paciencia

Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vio desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos. Mi padre dijo:

- “Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Pero se ve que hacía tanto frío que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco”.

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó:

- “Nunca olvides esta lección. Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso. Nunca decisiones importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá”.

Y es que de eso se trata la paciencia, de esperar, de la facultad de padecer o soportar algo sin alterarse. De esperar cuando algo se desea mucho. La palabra paciencia viene de la raíz latinapati que significa sufrir. Es por eso que en medicina paciente significa “el que sufre”. Paciencia implica el sufrimiento de esperar con dignidad tiempos mejores, una buena recompensa que vendrá ya sea con el paso del tiempo o con el trabajo perseverante.

Decía el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973): “Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”.

La paciencia es un valor de quienes, de forma madura, han aprendido a sufrir y tolerar las contrariedades con fortaleza. Es esperar con calma que las cosas sucedan y otorgarles el tiempo que la prudencia permita.  Como dice el proverbio persa: “La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.”

Paciencia no es indiferencia ni insensibilidad.  Tampoco significa solo esperar hasta que cambie la situación desfavorable o hasta que alguien más haga lo que se debe hacer. El poeta Mariano Anguiló decía: “No confundas la paciencia, coraje de la virtud, con la estúpida indolencia del que se da por vencido.”

Paciencia es lo que se necesita para educar a los hijos sin gritos, con tolerancia y de la mejor manera posible. También para soportar el tráfico cotidiano, compañeros de trabajo no muy agraciados o las inclemencias del tiempo. La falta de paciencia nos conduce, de manera irremediable, a la desesperación, los gritos y la irritación. De esta manera lo que hacemos es que el caos sea mayor.

Aristóteles describe a la paciencia como una virtud, como el punto medio o equilibrio entre emociones extremas. Con  la paciencia se logra sobreponerse a las emociones generadas por las desgracias o aflicciones.

No olvidemos que la impaciencia puede ir acompañada de un vicio antiético como lo es la ira, así como también de insensatez y falta de amabilidad con quienes nos rodean. Al contrario actuar con paciencia es hacer uso de la serenidad y la calma.

Así que no olvides, quien quiere acertar tiene que aguardar y para subir una escalera hay que empezar por el primer peldaño.

Agustín Sequera

“Te doy permiso de romperme hasta la ropa, pero no el corazón.”
— (via b3kind)

(Fuente: denisesoyletras, vía loreliiuxxx)